Pureza: saber mirar

Por Alejandro Aparicio

Hablar de la pureza es primeramente hablar de una mirada dirigida a Dios, divinizada, que colma de gozo y hace que el corazón cante. En una época de puritanismo, es necesario entender la pureza en su sentido más bello y sencillo: saber mirar. Comprenderla como una gracia de Dios que cumple la palabra que Cristo proclamó en el Evangelio sobre los puros de corazón. Este ha de ser el camino a seguir si queremos ordenar nuevamente nuestra sexualidad hacia Dios.


“Bienaventurados los que son limpios de corazón, porque verán a Dios”¹. Ver a Dios no es algo que podemos esperar hasta el Cielo con la visión beatífica, ver a Dios empieza en esta vida. Por eso cuando San Josemaría decía que “la felicidad del cielo es para lo que saben ser felices en la tierra”²; es claro que, si la felicidad es la plenitud en Dios, los destellos que en este mundo se nos presentan de su amor sólo serán conocidos para aquellos que han purificado su mirada.


Podrá parecernos una promesa a largo plazo (hasta la vida eterna), pero si nos damos cuenta ya se han cumplido y se siguen cumpliendo las bienaventuranzas. ¿Acaso los mansos y humildes de corazón no han heredado la tierra, con la cantidad de templos, monasterios, hospitales, entre otros? Pues lo mismo aplica para aquellos que han purificado su corazón en esta tierra. No es que esperemos a levitar como Santo Tomás para decirle a Dios que lo queremos a Él, sino que en cada persona con la que nos reímos, cada abrazo que damos, cada sonrisa de una madre a su hijo, es ver a Dios en esta vida, y decirle “te quiero a Ti”.


El puritanismo no es sólo temerle al sexo y a la bebida, sino también al matrimonio y a la procreación; el puritano no se escandaliza con el mal, sino con el bien. Tiene dos extremos principales: el prohibicionista y el permitivista. El que le dice “no” a tantas cosas que llega a decirle no al bien, y el que le dice que sí a tantas cosas que le llega a decirle sí al mal. Los dos se encuentran en un punto clave: persiguen un bien desordenado. ¿Y de dónde viene este desorden? De no saber mirar las cosas como parte de la Creación.


Es por esto que frente a los vicios del puritanismo la virtud de la pureza no se conseguirá a través de continencia sexual, la única forma de desarrollar esta virtud es saber mirar, porque saber mirar, es saber amar. Es ver sin prejuicios y con el corazón, es contemplar el bien, la verdad y la belleza de todo lo creado. Por ejemplo, si le explicamos la pureza a un niño no podemos inculcarle un miedo al mal uso de la sexualidad; sino expresarle el bien que existe en un juego, en entender y seguir sus reglas, en divertirse y en disfrutar de actividades lúdicas, que lo armonicen consigo mismo y con Dios


“No cultivaron la higiene. Se purificaron para el altar y descubrieron que eran limpios.”³

La realidad de la castidad y la pureza es muy distinta. Mientras la castidad es simplemente un ordenamiento de la razón al impulso sexual, la pureza, llega a ser santa, porque es una afirmación gozosa. Por eso la frase de Chesterton es tan importante: no queremos alcanzar un cierto nivel de moral racional, lo que buscamos es a Dios y por eso hemos sido limpiados. Es justo lo contrario a lo que hacían los puritanos de tiempos de Jesús (los fariseos), ellos limpiaban los vasos esperando agradar a Dios, sin saber que el Emmanuel se encontraba entre ellos queriendo habitar en su corazón.


Por eso al hablar de la pureza no sólo es pedirle “Señor, que vea”, de manera más honda es “Señor, que te vea”, que te pueda contemplar, que mi corazón salte de gozo ante tu presencia y que mi lengua cante en lo que me has convertido. Y todavía más profundo es el hecho de quien tiene un corazón puro no es sólo que vea a Dios (lo cual no es poco), es que se sabe mirado por Él. Sólo los puros de corazón conocerán lo que es la mirada de Dios y la transfiguración que puede hacer en el interior de cada uno de nosotros.


En conclusión, si queremos una sociedad más pura y casta el primer paso es enseñarnos a mirar al igual que los niños, es necesario luchar por la sencillez de la infancia espiritual en la contemplación de la Creación. Vencer el vicio del puritanismo con esta mirada purificada que nos ayude a entender la armonía del hombre con Dios. Comprender que la Santa Pureza es gracia de Dios para contemplarlo y que nuestra alma sea contemplada por Él. Termino con un punto de Camino para animarnos en esta batalla indispensable en nuestros tiempos:


“Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia. — Y esa cruzada es obra vuestra.”4


#SantosHoy


Bibliografía

  1. Mt 5, 8

  2. Forja, 1005

  3. Chesterton (1908). Ortodoxia. Ed: Acantilado

  4. Camino, 121

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