Mis padres... ¿amigos o autoridad?

Por Juan Manuel Méndez


En distintas ocasiones he oído hablar a la gente adulta sobre un tema que al parecer es recurrente generación tras generación, esa declaración que, sobretodo, suele estar presente en los padres de familia que afirman “los adolescentes suelen ser muy difíciles de tratar, entender, controlar y tolerar”; esta es una opinión – como ya lo habíamos mencionado –, que parece sostenerse a lo largo de las generaciones. Es común escuchar entre los papás, abuelos, tíos, incluso maestros, lo difícil que suele ser la relación entre ellos y los adolescentes y esto, muchas veces deriva no sólo de la falta de comprensión de los padres, sino de la mala búsqueda de autonomía y auto dependencia por parte de los adolescentes. La intención del presente artículo es aproximarnos a comprender por qué los jóvenes dejamos de hacer caso a nuestros padres, viendo a los mismos como una autoridad tiránica y no como un amigo cercano, que nos ama y que ante todo procurará nuestro bien. Dios en su infinito amor y misericordia nos ha regalado un padre o una madre para ayudarnos a sobrellevar esta etapa tan compleja y llena de conflictos como lo es la adolescencia.


Ser adolescente es complicado, eso todo lo sabemos, porque te enfrentas a una serie de cambios de todo tipo. Los jóvenes enfrentamos grandes desafíos y uno de esos grandes duelos es con relación a los padres. Lo anterior, se fundamenta en la tendencia que tenemos como niños a idealizar a nuestros padres, es decir, los vemos con unos ojos de admiración grandísimos, cuando somos niños solemos decir: “mis papás son los mejores del mundo”. La psicología nos ha mostrado que cuando somos niños no sólo queremos la atención total de nuestros padres, sino que deseamos convertirnos como ellos, ser esa gran persona que es nuestro padre o nuestra madre, pensamos que nuestros padres lo tienen todo y que no hay cosa imposible para ellos; percibimos a nuestros papás como fuertes, poderosos y los caracterizamos como las personas más grandiosas y relevantes en nuestra vida. Por lo tanto, un niño siempre tiene la tendencia a agradar a sus padres y los obedece para obtener su cariño, lo peor que puede sucederle es perder ese amor.


Cuando comenzamos nuestra complicada etapa de la adolescencia, toda esta construcción de percepciones y sentimientos se desmorona; empezamos a cuestionar a nuestros padres, los criticamos y dejamos de idealizarlos. Esta circunstancia produce cambios significativos en nuestro mundo interno y emocional; experimentamos sentimientos de ira, vacío, confusión, desesperanza y a la vez, un ávido deseo por sentirnos grandes e independientes, tratando de desarrollar una autonomía que nos hace creer que no necesitamos de nada ni de nadie. Aquella estructura que nos sostenía cuando éramos niños y le daba sentido a nuestro mundo, ahora se debilita y se viene abajo. Los cambios tan continuos y repentinos en el estado de ánimo de los adolescentes son, en parte, producto de aquellos cambios hormonales por los que atraviesan. No obstante, estos cambios son, también, consecuencia de la inestabilidad producida por las pérdidas que tienen lugar en esta difícil etapa.


Tenemos que reconocer que, dada nuestra condición como seres humanos y porque vivimos en sociedad, siempre necesitaremos de los demás. En primer lugar, necesitamos de Dios en nuestra vida porque Él, es la base de todo lo creado. Si queremos alcanzar la grandeza y sentirnos verdaderamente libres necesitaremos de Dios en todo momento, porque si nosotros como jóvenes lo tenemos presente en nuestras vidas, tendremos una verdadera orientación, un camino en común. Ya lo decía el eminentísimo Papa Benedicto XVI “El hombre es grande, sólo si Dios es grande. […] No debemos alejarnos de Dios, sino hacer que Dios esté presente, hacer que Él sea grande en nuestra vida; así también nosotros seremos divinos: tendremos todo el esplendor de la dignidad divina”.

Dios nos acompaña en todo momento en nuestra vida como adolescentes, no nos deja solos, mucho menos en los momentos difíciles. Él en su infinito amor, nos dejó distintos medios para poder encontrarlo y así ser felices en aquellos momentos de dificultad, cuando nos sentimos perdidos. En primer lugar, nos dejó los sacramentos como medios para llegar a Dios, el Papa Francisco nos dice que: “Los sacramentos son el centro de la fe cristiana, por los que Dios comunica su gracia, se hace presente y actúa en nuestra vida. Los siete sacramentos de la Iglesia prolongan en la historia la acción salvífica y vivificante de Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo”.


Nuestros papás, son otro regalo de Dios que nos ayudan, por encomienda de Dios, a encontrar nuestro camino, a ser unas personas de bien, a vivir como verdaderos cristianos porque ellos son el rostro de Dios en la familia. El problema es que, nosotros como adolescentes, vemos a nuestros papás como personas desactualizadas que no entienden nuestro entorno – el mundo actual –, vivimos en la idea de que no nos comprenden ni nos brindan esa autonomía que deseamos, simplemente porque nos llaman la atención a ciertas acciones o no nos conceden algún permiso. Sin embargo, la realidad es que ellos ya pasaron por esta etapa, algo que seguramente escuchamos muy a menudo en nuestros hogares y conocen por inspiración del Espíritu Santo lo que es mejor para nosotros. Pensemos, cuántas veces nuestros padres han tenido la razón al habernos dicho “no salgas esta noche” y al poco tiempo nos enteramos que esa misma noche desapareció alguien conocido por aquel rumbo al que tenías planeado ir y como esto muchos ejemplos más.


Los papás más que una autoridad son un buen amigo, al menos así es como deberíamos verlos, no como una autoridad tiránica que busca limitarnos de todo, sino como el mejor amigo que Dios nos regala para poder platicarles todos nuestros problemas y tener la certeza de que seremos ayudados con amor y ternura para encontrar el mejor camino para nuestro bien. No obstante, hasta que no cambiemos esa perspectiva moderna que nos dice que los amigos son solamente aquellas personas que te acompañan en la universidad, en quienes podemos confiar y platicarles todos nuestros cambios y problemas, por el hecho de que ellos sí entienden el mundo actual. Si fomentáramos un rico diálogo con nuestros padres, como lo haríamos con cualquier otro amigo encontraríamos muchas respuestas a la vida y empezaríamos a entender el por qué de las decisiones de nuestros papás de limitarnos, de llamarnos la atención, de castigarnos o simplemente no concedernos algún permiso. ¿Por qué muchas veces le damos un valor significativo a aquello que nos dice un amigo cuando estos muchas veces nos fallan? ¿Y por qué no brindar ese mismo valor a los consejos o correcciones de nuestros padres, que bien o mal, siempre estarán ahí para ti? El problema no son nuestros papás, el problema somos nosotros que no tenemos esa cercanía con ellos, nos da vergüenza hablar con ellos de las acciones que nosotros mismos conocemos que están mal. Veamos a nuestros padres como unos grandes amigos, los mejores; recordemos que el padre es el amigo y confidente que Dios nos ha brindado y no aquel tirano que busca lo peor para nosotros.


#SantosHoy

69 vistas
universidad panamericana  Campus guadalajara
  • White Instagram Icon
  • White YouTube Icon
  • White Facebook Icon
  • Twitter - círculo blanco

capellan@up.edu.mx

Álvaro del Portillo No. 49

Ciudad Granja CP 45010 Zapopan, Jalisco, México

Conmutador: +52 (33) 1368 2200

©2020 por Capellanía UP Guadalajara

CAPELLANÍA.png