Los tres escalones de la vanidad

Actualizado: ago 17

Por Sebastián Iñaki


Cuando escuchamos la palabra “vanidad” se nos viene a la cabeza una persona obsesionada con su apariencia, mirándose al espejo todo el día. Y si bien una de las acepciones se refiere a la soberbia o el orgullo, la palabra “vanidad” también tiene otro significado.


“Vanidad” viene del latín vanitas, una palabra que ha sido usada durante siglos para describir la vacuidad o caducidad de las cosas de este mundo. Es decir, refleja la idea de que todas las cosas terminan en esta vida, por lo que carece de sentido acumular bienes materiales.


De hecho, existen pinturas llamadas vanidades, que intentan plasmar este concepto artísticamente. Si ves un cuadro en el que aparezcan muchos objetos junto con algún reloj o un cráneo (que representan el paso del tiempo y la muerte), es posible que el cuadro sea sobre la vanidad.


La fama de este concepto proviene de una cita del Eclesiastés que dice “Todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión.” Esta frase se presta mucho para una reflexión sobre nuestras vidas. El primer escalón es darnos cuenta de que todas las cosas terminan por perecer con el tiempo.


Como dice el dicho, Todo por servir se acaba. No hay edificio que no se derrumbe por los siglos, ni máquina que no termine por oxidarse o quedar inservible. El texto que estás leyendo va a ser olvidado algún día o será reemplazado por uno mejor. Y lo más contundente es que, incluso si las cosas duraran para siempre, nosotros tenemos un tiempo limitado en la tierra. Nuestra muerte es inevitable, y con ella, se acaba también el disfrute de cualquier bien material.


Y eso nos lleva al segundo escalón, que los estoicos romanos expresaban con la frase Memento Mori, que significa “recuerda que vas a morir.” La afirmación de nuestra propia muerte, además de ser una verdad innegable, nos ayuda a enfocarnos en lo verdaderamente importante porque, si tenemos una vida limitada, hay que aprovecharla.

Pero el aprovechamiento de la vida no se puede quedar en el “comamos y bebamos que mañana moriremos.” Si nos basamos en el deleite, perdemos todo el sentido cuando llega el dolor, la enfermedad o la muerte misma.


A todas las personas nos impacta nuestra mortalidad. Pero la manera en la que la enfrentamos es lo que cuenta. El tercer escalón nos invita a actuar para enfrentarla, y me gusta enunciarlo con una frase de Jordan Peterson: “Persigue lo qué es significativo, no lo que es conveniente.”


¿Y qué es lo que verdaderamente tiene algún significado? En mi humilde opinión, es todo lo que nos acerca a poder morir con una sonrisa auténtica. Y sonrisa auténtica no es la de los labios, sino la corazonada interna de que nuestra vida ha valido la pena. ¿Qué es lo que de verdad nos haría morir con la convicción de que hemos aprovechado nuestra vida? Hay algunas cosas que podemos nombrar, como el servicio a los demás, la religión y el amor.


Lo que es muy claro es que, si nos basamos exclusivamente en lo vano, si sólo trabajamos por tener y gozar, estamos en una arena movediza porque al recordar nuestra muerte terminaremos viendo que nada de lo que hacemos tiene sentido.

En cambio, al posar la mirada en la propia muerte y en la vanidad de las cosas, surge el momento ideal para hacer una pregunta importante: cuándo mueras, ¿habrá valido la pena lo que estás haciendo hoy?


#SantosHoy

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