El superhombre entró en depresión

Por Marcelo Álvarez


Friedrich Nietzsche dijo hace más de 100 años las famosas palabras: “Gotti ist tot”, que se traducen a “Dios ha muerto”. Esta simple frase con mucho significado, como todas las ideas poderosas, tomaron su tiempo para hacerse escuchar. Hoy en día, vemos una sociedad empapada en las ideas del nihilismo, a un nivel que ni el mismo filósofo alemán pudo haber imaginado, en especial la del Superhombre.


La filosofía -y sobre todo actitud- nihilista que nos propone Nietzsche al final del siglo XIX ha ido ganando terreno poco a poco en la cultura occidental. Desde la segunda mitad del siglo XX, cuando las Guerras Mundiales terminaron y una marea de progreso empezaba a hacer oleaje, ideas silenciosas se introdujeron en nuestras vidas: que no necesito un Ser Supremo para vivir; que yo hago mi propia realidad; que yo mismo puedo sacar mi vida adelante. Son ideas centrales del siglo XXI que pocos se cuestionan en la actualidad.


He aquí donde vemos el efecto, tal vez indirecto, del Superhombre. En muy pocas palabras, el Übermensch es para Nietzsche el mayor potencial del hombre: aquello que tiene que lograr para ser completo. Se caracteriza por ser un hombre que está libre de toda regla impuesta por la sociedad, que vive apartado del mundo, creador de su propia dimensión moral. El superhombre le presenta al hombre moderno dos ideas muy apetecibles: una certeza del hombre como creatura máxima entre todas, así como un individualismo y relativismo moral absoluto, cosas que la sociedad actual fomenta.


Ante la aniquilación de Dios, el hombre ha puesto el sustento de su vida en otra creatura: ella misma. El Superhombre ha tomado el trono divino, para que todos puedan decir: “yo soy mi propio Dios”. El fin, el modelo del hombre, el creador de su destino y de la realidad que lo rodea, es ahora él mismo; la existencia se convierte en ser uno para uno mismo.


El hombre por naturaleza busca la perfección, ya sea suya o del mundo que lo rodea. Es lógico -hasta cierto punto- pensar que podemos alcanzarla por nosotros mismos. Observamos tantos testimonios de vida de personas que han logrado cosas increíbles en su vida, en todos los ámbitos; nos maravillamos con el potencial del humano para sobrepasar sus límites, y la idea nos suena más sensata aún. Si no pudiéramos alcanzar la perfección, ¿por qué la anhelamos tanto? Entonces ponemos nuestro estándar de excelencia en nuestra especie, en cada uno de nosotros.


Pero esa concepción del hombre todopoderoso no es más que una ilusión, niebla que difumina la realidad, más frágil que los pétalos de una flor. Nuestra experiencia personal nos lo grita en la cara: EL SER HUMANO ES DEFECTUOSO. ¿Quién, sino el hombre, es responsable de las guerras y los crímenes del día a día? El ser humano es como dijo San Josemaría Escrivá de Balaguer: “capaz de todos los errores y de todos los horrores”. Sí, ha habido personas ejemplares a lo largo de la historia… pero hasta el justo cae siete veces al día.


La otra cualidad del Superhombre –que crea su propia moral y realidad- es aún más endeble. Si quieres vivir de manera individualista y relativista, espero que seas un ermitaño; de lo contrario, la realidad te dará dos bofetadas bien puestas: la sociabilidad del hombre y la verdad objetiva. Aunque ambos temas ameritan un ensayo propio, es innegable que debe de haber una verdad extrínseca (basta con ver los principios lógicos supremos) y que el hombre es un ser social por naturaleza (por algo creamos redes sociales).


Llegada cierta edad, la mayor parte de las personas se dan cuenta de esto; y al retirar el velo de la neblina, pueden ver cara a cara al ser humano real: imperfecto, débil, con potencial muchas veces desperdiciado o mal utilizado. Cuando esto sucede, cuando la idea en donde sustentaste tu vida entera resulta ser una mentira, los cimientos desaparecen y tu realidad se derrumba. No hay marcha atrás. En este momento sucede una de las mayores tragedias de nuestro tiempo: la pérdida de la esperanza.


Cuando no podemos confiar más en el hombre, y por consecuencia en nosotros mismos ni en los demás, solo quedan tres salidas: la desesperación, la indiferencia y la búsqueda.


El camino de la desesperación, alarmantemente, se va haciendo más transitado con el paso del tiempo. Lo podemos ver en los índices de suicidios, el aumento exponencial de enfermedades mentales, familias divididas en divorcios y conflictos, entre otros. Son las personas que han perdido la fe en sí mismos, que no pueden sino bajar la cabeza y huir de la vida por el placer o por la rápida liberación de la muerte.


El segundo camino es el de la indiferencia; un camino engañoso en sus “beneficios”. No son pocos los que, cuando se enfrentan con la realidad del hombre, deciden ignorarla y continuar con sus vidas de la misma manera, como un tren sin destino, que avanza por avanzar; sin dolor, pero sin felicidad. Me atrevería a decir que es más peligrosa que la vía de la desesperación en ciertos aspectos: uno sabe que ese camino está mal, y puede salir de ahí con ayuda. Pero una persona en la indiferencia cree que está bien lo que hace, o no le interesa cambiar.


Por último, está el camino de la búsqueda, el camino ideal. Cuando el lugar donde anclabas tu bote se ha venido abajo, buscas otro lugar donde hacerlo. Es la actitud del valiente, del que aún guarda esperanzas; del héroe principal que, en muchas grandes historias, sale en un viaje -una búsqueda- de algo que lo llama a salir de su zona de confort. Si el hombre no es perfecto, algo más lo debe de ser, algo en lo que pueda afirmarse. Si no, ¿por qué existimos?


Y ahora me dirijo a ti, querido lector, con la esperanza de que unas tenues nubes de duda hayan surgido en tu mente. No estoy aquí para darte una respuesta a ellas: no soy el indicado para hacerlo, y descubrirás que lo divertido de la vida está en esa búsqueda personal. En ella, encontrarás muchos puertos donde anclar tu vida: la ciencia, el éxito profesional, la autorrealización, el amor conyugal, Dios. Depende de ti explorarlos, navegar mar adentro y encontrar la perfección que tanto ansías.


Deja al Superhombre en su pequeño rincón, deprimido y en soledad, con la frágil máscara de mentiras rota a sus pies, y lánzate a la aventura… que la respuesta te está esperando.


#SantosHoy


¹ Amigos de Dios, 162.

² Proverbios 24, 16

³ Aristóteles, Metafísica Libro V

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